Berlín está en Alemania

Si bien en muchas situaciones se acusa a Berlín de no representar el carácter del resto del país y de ser una isla dentro de la propia Alemania, en esta ocasión los berlineses se han pronunciado en términos similares a los ciudadanos de otras regiones, dejándose llevar por discursos xenófobos y populistas contra los refugiados.

De este modo, las elecciones al Parlamento regional de Berlín del pasado 18 de septiembre no han hecho sino confirmar los pronósticos que venían anunciando las últimas encuestas, y que siguen la línea de los resultados obtenidos en otros estados durante estos últimos meses. Como viene siendo habitual en las últimas citas electorales, los principales partidos del país y socios en la gran coalición –CDU y SPD– son los grandes perdedores debido al desgaste que está teniendo en ellos la política de asilo mantenida desde el gobierno de Angela Merkel. En esta ocasión, el SPD liderado por el actual alcalde de Berlín, Michael Müller, ha logrado únicamente el 21,6% de los votos, un 6,7% menos que en las anteriores elecciones del año 2011[1]. Esta bajada representa una pérdida de 9 escaños, los cuales se suman también a los 8 menos obtenidos por la CDU, y dejan claro el castigo sufrido por ambos partidos de gobierno. Con este resultado, Müller deberá contar con el apoyo de al menos otros dos partidos para poder continuar como alcalde de la capital de Alemania. Descartada la posibilidad de una coalición junto a la CDU, puesto que se quedarían a 12 parlamentarios de la mayoría absoluta, el escenario más probable parece ser la coalición de izquierda junto a Los Verdes y Die Linke, que sumarían 92 escaños sobre un total de 160.

Los grandes beneficiados de esta debacle de la gran coalición son los partidos situados ideológicamente a los extremos, tanto a izquierda como a derecha. Si hace tan sólo dos semanas, el partido antinmigración Alternativa para Alemania (AfD) lograba superar por primera vez a la CDU y obtenía un 20,8% de los votos en las elecciones al Parlamento regional de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, este pasado domingo consiguió algo que nadie hubiera podido pronosticar hace un par de años, como es la entrada de un partido de ultraderecha en el Parlamento berlinés con un 14,2% de los votos y 25 escaños[2]. En esta ocasión, AfD no ha llegado a superar a la CDU en porcentaje de votos, pero sí ha provocado que el partido cristianodemócrata haya obtenido el peor resultado de su historia en la capital del país, con únicamente un 17,6% de los votos. Gracias a este último éxito electoral, AfD cuenta ya con presencia en 10 de los 16 Länder del país y se encuentra en una situación óptima para las elecciones al Bundestag que se celebrarán dentro de un año. Los otros dos partidos que han subido significativamente en el Landtag berlinés han sido Die Linke y el partido liberal FDP. El primero de ellos ha pasado de 19 a 27 escaños, siendo la tercera fuerza en porcentaje de votos, mientras que los segundos vuelven a contar con representación en la cámara regional con 12 parlamentarios, después de no haber obtenido ninguno en las elecciones pasadas.

Para valorar la influencia que la política sobre refugiados está teniendo sobre otras cuestiones económicas y sociales, el 98% de los votantes de AfD manifestó la importancia que posee este tema a la hora de decidir su voto[3]. A pesar de tratarse de unas elecciones regionales, el 54% de los votantes de AfD afirma haber tomado su decisión basándose en la política mantenida desde el gobierno federal, por sólo un 31% de los que lo han hecho en función de la política berlinesa[4].

La reacción por parte de Angela Merkel no se ha hecho esperar, y al día siguiente la canciller dio una rueda de prensa en la sede de la CDU en la que asumió su responsabilidad ante estos malos resultados electorales y el debilitamiento que está sufriendo su partido en este último año por culpa de su política de refugiados. De este modo, aunque se reafirmó en su intención de mantener la línea seguida hasta ahora, reconoció haber cometido errores en su política de asilo y la necesidad de saber comunicar mejor las decisiones tomadas: “si pudiera, volvería atrás en el tiempo”[5].

Esta decidida apuesta de la canciller a favor de una política humanitaria de asilo está siendo ampliamente criticada desde casi todos los ámbitos de la sociedad alemana, y deja en una débil situación a la gran coalición de cara a poder renovar sus opciones de gobierno en las elecciones de 2017. Así, el partido AfD ha dejado de ser un mero partido protesta y, con su tercer lugar en las encuestas sobre intención de voto, amenaza con tener un papel relevante en el próximo Bundestag. Hasta ahora los dos partidos principales se han mostrado incapaces de frenar este ascenso del partido populista, y está por ver cuál es su techo en las urnas y cuánto será capaz de condicionar el voto de la sociedad alemana la continua llegada de refugiados al país.