Hay bastante de insensibilidad, sin duda involuntaria, cuando día tras día el incremento en el número de personas fallecidas por el coronavirus se califica indefectiblemente en los titulares como “ligero repunte”. Porque repunte a repunte, la semana que empezó con 399 víctimas, ayer ya registraba 440. Repunte a repunte. Dejemos la interpretación de los datos a los expertos, cuya credibilidad y la confianza que inspiren después de tantos días detrás del atril corresponde a cada cual valorar. Pero teniendo en cuenta el férreo confinamiento al que siguen sometidos los ciudadanos y la disciplina que están demostrando en su forma de conducirse en la pandemia, esos “ligeros repuntes” resultan preocupantes. Mientras tanto habría que pedir que alguien propusiera una forma...
Podemos realizar una valoración de los efectos previsibles de la crisis del COVID19 a través de los estudios del FMI y el Banco de España. Estos datos muestran que la economía mundial está inmersa en una crisis económica mucho más profunda que la de 2008 y que desgraciadamente España va a ser uno de los países europeos más perjudicados. Las cifras ponen de manifiesto los efectos tan negativos que ha tenido no haber aprovechado los años de crecimiento para sanear las cuentas públicas y que las medidas aprobadas por el Gobierno a lo largo de estas semanas, todavía no sabemos a partir de qué previsiones, resultan claramente insuficientes.
El presidente del Gobierno acaba de obtener por tercera vez la autorización crítica –con el socorro leal del principal partido de la oposición– del Congreso de los Diputados para prolongar el estado de alarma en España. Ello significa la continuidad quince días más de las medidas de confinamiento de la población, del cierre de comercios y del recorte de algunas de nuestras libertades en pro de la máxima contención del coronavirus en nuestro país (con la excepción del controvertido paseo de los niños permitido a partir del próximo 27 de abril). Esta nueva prórroga nos llevaría ya, según Sánchez, al horizonte de la siguiente fase, la desescalada, y a una paulatina vuelta a la normalidad que –apunta– podría empezar a mediados del mes de mayo.
Todos los pactos son, en política, singulares. Obedecen a una circunstancia irrepetible. Los Pactos de la Moncloa, también. Son en su espíritu y en su letra únicos. No se hicieron para respaldar a un gobierno sino para proteger un proyecto constituyente nada fácil. Hoy falta todo lo que les singulariza en la Historia de España.
Nos adentramos en lo que parece ser el mayor retroceso de nuestra economía desde la Guerra Civil. Muchas empresas y empleos se quedarán por el camino y, detrás de ellos, muchas personas pueden pasar situaciones de alta necesidad y a las que no se puede dejar sin protección mientras dure esta situación. Debería articularse un mecanismo transitorio ligado a esta necesidad y a la búsqueda efectiva de empleo desde el momento inicial y no una medida permanente y desincentivadora del trabajo, que ya se puso en marcha en otros países con resultados desalentadores. Sin embargo, el Gobierno parece optar por una renta mínima permanente. Una medida ineficiente propia de un Estado paternalista asistencial y con una carga enorme para las cuentas públicas y su sostenibilidad.
En una Europa ensimismada en sus retos internos, el impacto de la pandemia del coronavirus ha provocado cambios profundos de manera demasiado rápida. Hemos visto el paso adelante dado por las instituciones y los Estados miembros para aprobar un Plan de inversiones y Recuperación y el posicionamiento claro en dos bloques que, a pesar de las diferencias, acordaron la intervención de la UE para propiciar la reforma europea las siguientes décadas, basado en el “Pacto Verde”, la digitalización y la fiscalidad de Internet.
04.24.2020. Hay bastante de insensibilidad, sin duda involuntaria, cuando día tras día el incremento en el número de personas fallecidas por el coronavirus se califica indefectiblemente en los titulares como “ligero repunte”. Porque repunte a repunte, la semana que empezó con 399 víctimas, ayer ya registraba 440. Repunte a repunte. Dejemos la interpretación de los datos a los expertos, cuya credibilidad y la confianza que inspiren después de tantos días detrás del atril corresponde a cada cual valorar. Pero teniendo en cuenta el férreo confinamiento al que siguen sometidos los ciudadanos y la disciplina que están demostrando en su forma de conducirse en la pandemia, esos “ligeros repuntes” resultan preocupantes. Mientras tanto habría que pedir que alguien propusiera una forma...
04.23.2020. Podemos realizar una valoración de los efectos previsibles de la crisis del COVID19 a través de los estudios del FMI y el Banco de España. Estos datos muestran que la economía mundial está inmersa en una crisis económica mucho más profunda que la de 2008 y que desgraciadamente España va a ser uno de los países europeos más perjudicados. Las cifras ponen de manifiesto los efectos tan negativos que ha tenido no haber aprovechado los años de crecimiento para sanear las cuentas públicas y que las medidas aprobadas por el Gobierno a lo largo de estas semanas, todavía no sabemos a partir de qué previsiones, resultan claramente insuficientes.
04.23.2020. El presidente del Gobierno acaba de obtener por tercera vez la autorización crítica –con el socorro leal del principal partido de la oposición– del Congreso de los Diputados para prolongar el estado de alarma en España. Ello significa la continuidad quince días más de las medidas de confinamiento de la población, del cierre de comercios y del recorte de algunas de nuestras libertades en pro de la máxima contención del coronavirus en nuestro país (con la excepción del controvertido paseo de los niños permitido a partir del próximo 27 de abril). Esta nueva prórroga nos llevaría ya, según Sánchez, al horizonte de la siguiente fase, la desescalada, y a una paulatina vuelta a la normalidad que –apunta– podría empezar a mediados del mes de mayo.
04.22.2020. Todos los pactos son, en política, singulares. Obedecen a una circunstancia irrepetible. Los Pactos de la Moncloa, también. Son en su espíritu y en su letra únicos. No se hicieron para respaldar a un gobierno sino para proteger un proyecto constituyente nada fácil. Hoy falta todo lo que les singulariza en la Historia de España.
04.21.2020. Nos adentramos en lo que parece ser el mayor retroceso de nuestra economía desde la Guerra Civil. Muchas empresas y empleos se quedarán por el camino y, detrás de ellos, muchas personas pueden pasar situaciones de alta necesidad y a las que no se puede dejar sin protección mientras dure esta situación. Debería articularse un mecanismo transitorio ligado a esta necesidad y a la búsqueda efectiva de empleo desde el momento inicial y no una medida permanente y desincentivadora del trabajo, que ya se puso en marcha en otros países con resultados desalentadores. Sin embargo, el Gobierno parece optar por una renta mínima permanente. Una medida ineficiente propia de un Estado paternalista asistencial y con una carga enorme para las cuentas públicas y su sostenibilidad.
10.30.2020. En una Europa ensimismada en sus retos internos, el impacto de la pandemia del coronavirus ha provocado cambios profundos de manera demasiado rápida. Hemos visto el paso adelante dado por las instituciones y los Estados miembros para aprobar un Plan de inversiones y Recuperación y el posicionamiento claro en dos bloques que, a pesar de las diferencias, acordaron la intervención de la UE para propiciar la reforma europea las siguientes décadas, basado en el “Pacto Verde”, la digitalización y la fiscalidad de Internet.

