ANÁLISISLas primarias de EE.UU tras el 15 de marzo, por Daniel Runde

16/03/2016

Cada vez es más probable que los electores de Estados Unidos tengan que elegir en noviembre de 2016 entre Hillary Clinton y Donald Trump. Tras las votaciones del 15 de marzo, Hillary Clinton está más cerca de la candidatura demócrata. Con su triunfo en Florida, Carolina del Norte e Illinois, Trump necesita alrededor del 60 por ciento de los delegados que quedan por decidirse. Es posible que lo logre. Si Donald Trump es el candidato republicano, Hillary Clinton obtendrá una victoria histórica y los republicanos probablemente perderán el Senado y, posiblemente, el Congreso.

En el partido republicano la cuestión es la siguiente: ¿alcanzará Donald Trump los 1.237 delegados antes de la Convención que se celebra en julio para evitar una segunda votación sobre su nominación? Si no llega a 1.237 habrá enfrentamiento y muchos delegados republicanos estarán dispuestos a votar por cualquier otra alternativa.

Trump tiene por tanto que acumular 1.237 delegados antes de la convención de julio. El voto anti-Trump ahora queda dividido entre dos candidatos, el senador Ted Cruz (Texas) y el gobernador John Kasich (Ohio). Tanto Cruz como Kasich han ganado en sus estados de origen, por lo que tienen menos incentivos para apartarse de la carrera. Es posible que entre los dos consigan ganar en suficientes estados como para mantener a Trump por debajo de 1.237. Lo que está claro es que el proceso de primarias se prolongará hasta el 7 de junio. Hay que recordar que la carrera demócrata de 2008 entre Obama y Clinton llegó hasta principios de junio, de manera que esto no sería inusual.

En el lado demócrata, casi no hay manera de que Hillary Clinton pierda la nominación.

Cada partido es una coalición de grupos de intereses y de grupos demográficos. El sistema partidos políticos es mucho más débil en Estados Unidos que en España. Por ejemplo, los congresistas se eligen en distritos y previamente deben ganar la elección interna para poder presentarse como candidatos del partido. En España, los diputados entran en unas listas cuyo orden decide el partido. Esto le da a un partido como el PP mucho más poder sobre sus diputados.

El sistema de primarias en los EE.UU. se concibió, de manera opuesta a un sistema de ‘dedazo’, para permitir la competencia entre un amplio número de candidatos En los últimos 40 ó 50 años el Partido Republicano ha nominado a través de este sistema algunos candidatos fuertes (y algunos menos fuertes), incluyendo a Ronald Reagan, George H.W. Bush, George W. Bush, John McCain y Mitt Romney. Por desgracia, parece que el sistema de primarias ha ‘fallado’ al permitir la aparición con fuerza de un candidato tan pobre como Trump.

En términos generales, la elección está siendo protagonizada por dos candidatos ‘anti-sistema’.

Esta es una elección con una gran parte del Partido Demócrata votando por alguien que encajaría cómodamente en el PSOE de España, el senador Bernie Sanders, un autoproclamado socialdemócrata. Sanders encuentra sus principales apoyos entre los votantes progresistas blancos, urbanos y con buena formación. Tiene poco o ningún apoyo entre los afroamericanos. En 2008, Obama fue capaz de ganar el apoyo de los que ahora respaldan a Bernie Sanders, y también logró el voto afroamericano. Con la victoria de Hillary Clinton el 15 de marzo en los cinco estados en juego, las opciones del senador Sanders para ganar la nominación demócrata están prácticamente finiquitadas. Hillary será la candidata del Partido Demócrata.

En esta misma elección, alguien como Donald Trump, persona que se ha casado tres veces, se ha declarado en quiebra en cuatro ocasiones, era muy pro-abortista (hasta hace un año), está en contra del libre comercio y ha sido donante durante muchos años del Partido Demócrata, está en camino de ganar la nominación republicana. En los últimos 50 años habría sido imposible que lo hubiera conseguido.

He firmado una carta abierta contra Trump junto a los líderes de la política exterior del Partido Republicano que se puede leer aquí: http://warontherocks.com/2016/03/open-letter-on-donald-trump-from-gop-national-security-leaders/

La última vez que un republicano ganó la Presidencia fue George W. Bush en 2004. En esa elección triunfó con el 44 por ciento del voto hispano, cerca del 10 por ciento del voto afroamericano y una pequeña mayoría del voto blanco. Si Trump es finalmente nominado es probable que reciba un 10 por ciento del voto hispano, el 1 por ciento de los votos afroamericanos y necesitaría por tanto alrededor del 70 por ciento de los votos blancos, algo que ni Ronald Reagan alcanzó cuando en 1984 consiguió la victoria en 49 estados y logró una victoria aplastante contra Walter Mondale.

¿Qué ha cambiado? Muchos votantes no han sentido el crecimiento económico por el estancamiento de sus salarios durante más de 15 años. Otros votantes se sienten en el lado perdedor de los beneficios de la globalización, y temen que el aumento del comercio internacional haya supuesto la pérdida de puestos de trabajo en beneficio de países extranjeros. Otros votantes sienten ‘fatiga de guerra’ y están cansados de ser el blanco del terrorismo que parece emanar del mundo musulmán. Otros votantes creen que han sido engañados por la clase política en cuestiones tales como que haya 11 millones de inmigrantes ilegales en los EE.UU. a los que atribuyen su reducción salarial mientras ellos no pagan impuestos y reciben servicios salud y educación "de forma gratuita". Los políticos han prometido solucionar el problema durante 30 años y el problema “no se soluciona". Otros votantes creen que los Estados Unidos han dejado de ser la potencia que solía ser o el país que solía ser, y están preocupados por el futuro. Trump parece hablar en nombre de estos votantes frustrados, pero no hay suficientes como para que pueda llegar a ganar la Presidencia. Trump puede ser visto, en el mejor de los casos, como una versión estadounidense de Silvio Berlusconi.

Si Trump es el nominado, cuenten con una gran victoria de Hillary Clinton en noviembre.

*Daniel Runde trabajó en la administración de George W. Bush y ha sido asesor de política exterior del gobernador Romney durante la campaña de 2012 y de los gobernadores Scott Walker y Jeb Bush en el ciclo de 2016.