ANÁLISIS FAESPPK, Mr. Brightside, por Martín Santiváñez Vivanco

24/08/2016

El presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) es un hombre optimista que ha llegado al poder gracias a la alianza entre la derecha liberal empresarial, los residuos del gobierno humalista, lo que queda del movimiento de Alejandro Toledo y el sector reducido pero muy bien organizado de la denominada “izquierda caviar”. Todos estos grupos confluyen en una tendencia: el antifujimorismo. Las últimas dos elecciones han girado en torno a este clivaje decisivo: fujimoristas-antifujimoristas. La elección de 2011 fue más holgada para los antifujimoristas (casi medio millón de votos de diferencia). En este último proceso electoral la brecha se redujo a cuarenta mil votos de diferencia pero fue suficiente para llevar a PPK al Palacio de Gobierno.

La alianza que logró aupar a PPK cuenta con el control del Ejecutivo, respaldo de la comunidad internacional y el apoyo de la mayor parte de los medios de comunicación del Perú. Sin embargo, el Congreso está en manos de Fuerza Popular, con 73 legisladores. Ambos poderes están condenados a entenderse o a marchar rumbo a la colisión. El primer Gabinete del Presidente responde muy bien al perfil tecnocrático que se esperaba y el primer ministro, Fernando Zavala, un viejo colaborador de Kuczynski, cumple el papel concertador que espera la población. Por lo demás, la popularidad de PPK es de más del 70%, un índice alto para un presidente que se ha comprometido a realizar grandes reformas en el Estado. En concreto, durante su discurso del 28 de julio, PPK prometió concentrar el esfuerzo de su gobierno en seis objetivos esenciales: implementar un servicio de agua y desagüe para todos los peruanos, mejorar la educación pública, trabajar de manera eficaz los programas de salud, formalizar el país “hasta el máximo posible”, reducir la brecha de infraestructura y luchar frontalmente contra la corrupción, la discriminación y la inseguridad. Estos objetivos, según el Presidente, serán prioritarios para su Administración de cara al bicentenario de la independencia del Perú (2021).

El optimismo de PPK es patente. Tal vez este optimismo desbordante es el que ha provocado los primeros errores en su discurso. Así, el Presidente peruano ha tenido que ser rectificado o “traducido” por sus partidarios y aliados cuando afirmó que “un poquito de contrabando está bien” o cuando dijo en una entrevista a un medio español que había que “jalar” (esto es, favorecer el transfuguismo) de 30 congresistas fujimoristas. El optimismo del Presidente y su apertura en el lenguaje han provocado estos incidentes aunque, valgan verdades, la población no parece resentir las expresiones de PPK. Por el contrario, el romance de los primeros cien días se fortalece y el buen humor del Presidente apaga las críticas de sus detractores.

¿Puede mantenerse esta situación de manera permanente? Al parecer, la actitud optimista y jovial de PPK pone nerviosos a sus propios partidarios que tienen que fungir de traductores espontáneos ante las frases espontáneas del Presidente. Sin embargo, el gran reto de PPK no se agota en las formas del discurso o en la simpatía que despierta. El optimismo del Presidente es un gran instrumento de comunicación, pero la reforma del Estado va más allá de la simpatía. Kuczynski tiene la tarea de transmitir su optimismo a una maquinaria estatal que durante cinco años ha crecido de manera ineficiente bajo la férula de los Humala, generando cuellos de botella difíciles de solucionar. 


Martín Santiváñez Vivanco es decano de la Facultad de Derecho y RR.II. de la Universidad San Ignacio de Loyola (Lima)