Consecuencias para la seguridad europea de la inestabilidad en Libia    

02/08/2016

La estabilidad libia y, por extensión, de la región MENA (Oriente Medio y Norte de África) se ha convertido en una de las principales preocupaciones en materia de seguridad para la Unión Europea.

Tras las revueltas árabes, el colapso político, de seguridad, institucional, económico, humanitario y de respeto de derechos humanos convirtió a Libia en un Estado fallido con dos gobiernos totalmente irreconciliables en su territorio y un considerable número de milicias y grupos yihadistas ejerciendo la violencia en el país, en conexión con las redes del crimen organizado.

En este contexto, la situación de caos libio y el empeoramiento de su seguridad facilitaron en gran medida la extensión yihadista tanto por las fronteras interiores del país como a través de las exteriores, convirtiéndose además en uno de los destinos favoritos de los voluntarios y combatientes extranjeros del conocido como Estado Islámico.

El vacío de poder provocado por la profunda inestabilidad libia fue aprovechado así por la organización yihadista para iniciar su expansión internacional a través de una especie de provincias (wilayat) del autoproclamado Califato en territorio no contiguo a Siria e Irak, hasta llegar a ser una seria amenaza tanto a nivel regional como global.

La inestabilidad regional fue también aprovechada por al-Qaeda en el Magreb Islámico para expandirse por el desértico norte de Mali, Mauritania y Níger, favorecida por la porosidad de las fronteras estatales sahelianas que facilitaban el trasvase de combatientes yihadistas desde Libia.

En los últimos meses, los éxitos militares de la campaña de bombardeos de la Coalición Internacional contra el autoproclamado Estado Islámico han producido avances como la pérdida de entre el 40 y el 50% del territorio mesopotámico que controlaba y una reducción significativa de su capacidad para acoger nuevos voluntarios y combatientes extranjeros.

Como respuesta, la organización yihadista estaría modificando su estrategia operativa para reducir la presión en el núcleo central de su base de operaciones, adaptarse y procurar la supervivencia de su proyecto con un mayor interés por reclutar combatientes y voluntarios para dirigirse a Libia (en lugar de Siria e Irak) instándoles además a cometer atentados terroristas en sus países de origen, con consecuencias muy peligrosas para la seguridad regional y europea. En este sentido, habría que tener en cuenta que el líder del conocido como Estado Islámico amenazó especialmente a los países que forman parte de la Coalición Internacional.

Desde los ataques terroristas perpetrados por el denominado Estado Islámico en París en enero de 2015, la organización ha ido modificando sus objetivos y estrategia en Europa, actuando indiscriminadamente contra objetivos blandos en atentados simultáneos en distintas localizaciones. Los ataques se dirigirían ahora contra la población en general. Con esta forma de actuar, intentaría demostrar que, a pesar de la pérdida de control de territorio sirio e iraquí a manos de la Coalición Internacional, aún conserva poder, capacidad de reclutar nuevos simpatizantes y voluntarios y de infundir terror e implementar a escala internacional ataques de elevada letalidad.

Esta estrategia dificulta la tarea de distinguir la amenaza terrorista y complica su control haciendo mucho más difícil su prevención, puesto que ésta se vuelve más difusa. Además, al riesgo que suponen los individuos que actúan solos, los “lobos solitarios”, habría que añadir la que plantean equipos operativos que ejecutan acciones coordinadas y las operaciones de los combatientes retornados que representan una amenaza verdadera y letal.

La reciente Cumbre de la OTAN celebrada el 8 y 9 de julio en Varsovia manifestó la profunda preocupación que suscita entre la comunidad internacional el continuo deterioro de la seguridad y estabilidad en el flanco sur de la Unión Europea. La pérdida total del territorio sirio e iraquí controlado hasta ahora por el conocido como Estado Islámico tras los bombardeos de la Coalición Internacional, podría llevar a la organización yihadista a aprovechar las circunstancias que ofrece Libia como Estado fallido para intentar proclamar en su territorio su proyecto de Califato. Por el momento, es significativo el hecho de que ya hayan comenzado a dirigirse combatientes extranjeros y voluntarios directamente a Libia como primer destino, en lugar de ir a Siria e Irak.

La hipotética proclamación en Libia de un Califato al estilo mesopotámico, tras una extensa ocupación de territorio por parte del autodenominado Estado Islámico, supondría una gravísima amenaza tanto para la región como para sus Estados vecinos. Ello podría derivar en consecuencias muy graves para la débil transición tunecina, en un incremento del trasvase del salafismo yihadista y del crimen organizado por las porosas fronteras estatales del Norte de África y el Sahel, y en la expansión de poder del conocido como Estado Islámico en Libia frente a las costas italianas (y próximo geográficamente al Vaticano).

Además, la tensión e inestabilidad generalizadas que ya existe en la orilla africana del Mediterráneo se agudizaría significativamente. Los flujos migratorios desde Libia hacia Europa (formados tanto por solicitantes de asilo y refugio como por migrantes por razones económicas) y la inseguridad humana han alcanzado ya niveles dramáticos en los Estados circundantes, y su gestión se configura como uno de los retos más complejos pendientes de resolver por la Unión Europea.

Según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones, desde principios de este año 2016 se han producido unas 3.000 muertes de personas que intentaban cruzar el Mediterráneo desde las costas libias y el tráfico de seres humanos se ha convertido en un lucrativo negocio para el crimen organizado. La inestabilidad libia favorece el surgimiento y la actividad de mafias que se dedican a traficar con las personas que en busca de una vida mejor llegan desde otros países africanos y desde otras rutas procedentes de Oriente Medio, vulnerando sistemáticamente sus derechos humanos.

Por otra parte, la pugna que mantienen en la actualidad al-Qaeda Central y sus franquicias con el autoproclamado Estado Islámico por el liderazgo del movimiento global de la yihad, sobre todo en la zona del Sahel (la frontera sur de Europa en términos de seguridad), es por el momento una cuestión aún no resuelta. El incremento de la tensión entre ambas organizaciones yihadistas podría derivar en una mayor inestabilidad en los países del Norte de África y, por ende, con posibles repercusiones para la seguridad europea. Su hostilidad o hipotética unión de estrategias contra el enemigo común, con sus imprevisibles efectos, ocupará de igual modo, a medio y largo plazo, los esfuerzos de la agenda de seguridad de la comunidad internacional.

Sin lugar a dudas, la lucha contra las consecuencias de la inestabilidad libia precisará de un consenso político tanto de los Estados miembros de la Unión Europea como de otras organizaciones internacionales como la OTAN. Y ello será necesario para superar los riesgos y amenazas que se derivan de la vulnerabilidad estratégica europea frente a la expansión del extremismo violento, su consolidación geográfica y el crecimiento del poder del terrorismo yihadista sobre sus costas meridionales. Es imprescindible, por tanto, tomar conciencia y afrontar con determinación las raíces de la inestabilidad estructural de Libia y de toda la región.