Cambios en el Partido Comunista de Cuba “Cuba, otro Congreso más”

26/04/2021

Orestes R. Betancourt Ponce de León es Máster en Administración Pública por el Middlebury Institute of International Studies y especialista en desarrollo internacional


El traspaso de primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) de Raúl Castro a Miguel Díaz-Canel no es un fin de época como algunos medios interpretan. Como el dinosaurio de Monterroso, Raúl Castro y el PCC seguirán ahí, sempiternos e inamovibles. No por gusto, el propio Díaz-Canel en la clausura del VIII Congreso del partido fue claro al decir que Raúl sería consultado para “decisiones estratégicas”, entiéndase, nada se mueve sin su visto bueno. 

Dentro de este marco, luego del VIII Congreso del PCC, además de algunos cambios nominales como el recorte del número de miembros del buró político de 17 a 14 y del comité central de 142 a 114, dos son los cambios fundamentales.

Marino Murillo Jorge, quien fuese ministro de Economía hasta el 2016 cuando pasó a jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, no ha sido ratificado como miembro del buró político, tan siquiera del comité central. El “zar” de las reformas económicas era parte de este selecto grupo desde que en 2011 fuera puesto al frente de  los llamados Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido. Los “lineamientos” –directrices vagas del partido– han sido la marca de la gestión de Raúl Castro, lo que eufemísticamente la propaganda llama la actualización del modelo socioeconómico cubano. Entre las reformas, una de las más esperadas era la unificación monetaria, esto es, la eliminación de la doble moneda que oscurecía las cuentas de las empresas y el funcionamiento del sector estatal. A partir de enero de 2021, dentro de la llamada Tarea de Ordenamiento, se eliminó una de estas monedas, aumentaron los salarios y las pensiones, subieron las tarifas de servicios como agua y electricidad, se redujeron más todavía los subsidios del Estado, y a su vez se decretaron controles de precios. En medio de una crisis económica no vista desde la caída de la Unión Soviética, la reforma monetaria ha hecho explotar una burbuja inflacionaria. Se estima que la inflación llegue al 952%. Luego de más de 10 años de espera, la unificación monetaria no podía haber llegado en un peor momento. Producto del COVID-19 y la caída del turismo, desde el año pasado el régimen decidió con fines recaudatorios abrir establecimientos exclusivamente en divisas extranjeras. Estos comercios se surten de los pocos productos disponibles y se ha creado un sistema de apartheid económico donde los que no tienen acceso a divisas tienen que comprar en el mercado informal a precios astronómicos.  

En un ejercicio de transparencia infrecuente, el medio oficial Cubadebate encuestó online a sus lectores sobre el impacto de la “tarea de ordenamiento” –los resultados desaparecieron, pero los medios alternativos los alcanzaron a guardar. Ante la pregunta, “¿Aprecia un incremento desmedido de los precios?”, el 76% respondió “Sí, en todo”, el 23% solo “en algunos productos y servicios” y apenas el 1% consideró que se ajustaban al aumento salarial. Que los lectores de un medio oficial respondan de tal manera es la constatación del fracaso. En su Informe Central al Congreso, Raúl Castro mencionó:

“La Comisión Permanente de Implementación y Desarrollo no logró organizar, de manera adecuada, la participación de los diferentes actores involucrados en la implementación de los Lineamientos (…) una débil preparación y capacitación, negligencias, falta de exigencia, y control (…) conllevaron al establecimiento de precios excesivos e inconformidad con las tarifas de servicios públicos.”

Todavía Marino Murillo dirige dicha Comisión, pero ya no pertenece al buró político. No es la primera vez que La Habana sacrifica una de sus fichas ante el fracaso y un hasta ayer “compañero confiable” pasa a “cumplir otras funciones”.

Como segundo cambio, Luis Alberto Rodríguez López-Calleja pasa a integrar el buró político. Militar y exyerno de Raúl Castro, por tres décadas ha operado desde el anonimato gran parte de la economía. Director de GAESA (Grupo de Administración Empresarial SA), López-Calleja es, a no dudarlo, uno de los hombres más poderosos en la isla. GAESA es el conglomerado a manos de las fuerzas armadas. Se estima que abarca el 60% de la economía e incluye al grupo de turismo Gaviota, tiendas minoristas, empresas de importación y exportación, y más. Lo relevante es el entramado de sociedades en el extranjero con las que López-Calleja ha burlado exitosamente las sanciones del Gobierno estadounidense.

Precisamente por estar bajo administración y control del estamento militar, los Estados Unidos mediante la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) ha sancionado a GAESA y más recientemente a López-Calleja. Sin embargo, su inclusión en el buró político se puede interpretar como una posición frontal del régimen en caso de retomar conversaciones con el vecino del norte. Si algo va a faltar en el juego diplomático entre Washington y La Habana, son las concesiones desde la isla.

Hay quiencree que la salida de Murillo y la incorporación de López-Calleja es la victoria de los tecnócratas militares sobre los burócratas civiles del partido. Aunque por la lógica de un régimen de esta naturaleza es posible este tipo de tensiones internas, no parece ser que los cambios luego del VIII Congreso sean la culminación de estos supuestos. Son dos sucesos aparte. Marino Murillo será el chivo expiatorio de un fracaso y López-Calleja pasará de rendir cuentas directamente a Raúl Castro al buró político. Este último movimiento puede terminar en cierto check and balance en la cúspide del régimen o en un aumento desbocado de la existente autonomía de GAESA y López-Calleja. Una vez Raúl Castro no estédeus ex machina del poder en Cuba, las fichas se moverán solas y el análisis será otro.

De momento, el VIII Congreso del PCC demostró que el régimen no está dispuesto a ceder espacios en lo político ni lo económico. Para Raúl Castro en su clausura del Congreso, el partido único es la opción a los “cantos de sirena” de la “democracia burguesa” y solo “el egoísmo, la codicia y el afán de mayores ingresos provocan en algunos el aliento para desear que se inicie un proceso de privatización que barrería (…) la sociedad socialista”. “Hay límites que no podemos rebasar”, concluyó.

La “actualización” no actualiza, los “lineamientos” van y vienen –desde el VII Congreso en 2016, se mantienen 17, modifican 165, suprimen 92 y adicionan 18– y la “tarea de ordenamiento” desorganiza la ya precaria economía. Mientras el país retrocede, el sector privado no despega y las libertades son una aspiración reprimida, el PCC sigue ahí, poniendo a prueba aquello de que no hay mal que dure 100 años.

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