Aznar analiza en el Foro Ambrosetti los retos que afronta el Norte de África y Oriente Medio

05/09/2011



Madrid, 02.09.11.-
El expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales FAES, José María Aznar, ha participado este viernes, 2 de septiembre, en Italia, en la 37 edición del Foro Ambrosetti. Invitado por octavo año consecutivo al prestigioso foro de debate que tradicionalmente se celebra en el lago de Como-Cernobbio, en su conferencia "New Balances in the Mediterranean: What implications?" ha enunciado los principales retos que afronta el Norte de África y Oriente Medio.

En su intervención, el presidente de FAES ha destacado la necesidad de fortalecer el Estado y las instituciones como el primero de los retos que afrontan estas regiones, ya que "la dignidad existe cuando hay Estado, orden, leyes efectivas para reconocer y garantizar los derechos de las personas, tolerancia y respeto al pluralismo". Entre los desafíos principales que afrontan estas regiones, Aznar ha citado asimismo las oportunidades para los jóvenes, cuyas opciones "no pueden ser entre el paro o arriesgar la vida en lanchas precarias para buscar un futuro en Europa", y la estabilidad.

En el capítulo de los retos, también ha puesto de manifiesto la necesidad de "democracia, tolerancia y reconciliación". "En etapas de turbulencia e incertidumbres es fácil que quienes tienen proyectos basados en el odio intenten ganar posiciones. Son los islamistas o son los autócratas", ha advertido. "Creo que Estados Unidos y Europa deben compartir visiones y trabajar en conjunto con los demócratas de la zona para afrontar en conjunto estos grandes retos. Las sociedades abiertas y democráticas están basadas en principios comunes y universales que creo demandan muchas personas en esos países. Ésa ha sido una clara demanda de estas revueltas", ha añadido.

Durante la jornada, Aznar ha aprovechado para mantener sendas reuniones con el candidato a la Presidencia de Egipto y exsecretario general de la Liga Árabe, Amre Mousa; el presidente de Israel, Shimon Peres; y el presidente checo, Václav Klaus.

A continuación se reproduce íntegramente el discurso de Aznar en el Foro Ambrosetti:

"No creo que haya respuestas claras a las preguntas que se plantean hoy en este panel. Y es que no tenemos que olvidar que la historia no responde a patrones fijos ni a leyes inmutables. La historia la hacen los hombres. Y eso es precisamente lo que estamos viendo en el Norte de África y en Oriente Medio, un vendaval de cambios de dimensión histórica que están haciendo los hombres. Por ello el resultado final es incierto y dependerá de las decisiones, de las acciones y de las omisiones de quienes están actuando en la región. En estos tiempos de cambios e incertidumbre la mejor guía que podemos tener es la referencia de unos principios claros, la reflexión serena sobre el pasado y la conciencia de los errores que hay que evitar para que la situación final sea mejor que aquella de la que partimos.

Lo que ha pasado, lo que está pasando, empezó, en mi opinión, porque la frustración acumulada durante muchos años era un combustible extremadamente volátil y explosivo que nadie percibió y que, por eso, no fue tenido en cuenta. Esa falta de percepción creo que estaba causada por un prejuicio: la idea de que el mundo árabe estaba condenado a estar privado de libertad y de perspectivas de mejora, de modernización y progreso, y que la única alternativa para esas sociedades era entre la autocracia, en la distintas formas que hemos conocido, y la teocracia islamista como la que se implantó en Irán en 1979 o la que sufren los habitantes de Gaza. En definitiva, tanto en la región como fuera de ella se promovía una política de mantenimiento del "statu quo", olvidando con ello a las personas que sufrían en sus carnes esa falta de movilidad e iban acumulando calladamente frustración. No leímos con la suficiente perspicacia la revolución de los cedros en el Líbano, la fallida revuelta verde en Irán tras las elecciones de 2009, ni otras señales que indicaban que mucha gente en estos países deseaban cambiar una situación que les condenaba a la falta de perspectivas.

Ese combustible prendió con una pequeña chispa precisamente en Túnez, un país que se consideraba un ejemplo de modernización y apertura. Y el incendio se ha propagado con unas consecuencias que aún tenemos que calibrar. Hemos visto cómo han caído dos regímenes, los de Ben Ali y Mubarak, y cómo Túnez y Egipto han empezado unos procesos de transición tan esperanzadores como inciertos.

Libia ha sufrido una guerra civil que está dando sus últimos coletazos. Hay muchas dudas sobre lo que seguirá al régimen de Gadafi y cuál será el futuro de un país que no sé si puede decirse que esté basado en un verdadero Estado. En Siria el régimen de los Assad ha emprendido una represión sangrienta sin que una reacción internacional contundente. Yemen continúa sumido en el caos. Otros países, como Jordania y Marruecos, han emprendido un proceso de reformas cuyo alcance y repercusiones todavía no conocemos.

Pero vayamos a los orígenes. Creo que hay una causa común en todo este proceso y esa causa común se llama frustración. Una frustración que está provocada por la ausencia de tres bienes que los distintos regímenes no han sabido proveer a la población: la dignidad, las oportunidades para mejorar y la búsqueda de la modernización.

De esas tres frustraciones los principales responsables han sido los gobiernos y los regímenes que durante muchos años han mantenido oprimidas a sus poblaciones. Y también el resto de los países tenemos algo de responsabilidad porque, en aras de la estabilidad, no dimos suficiente relevancia, en nuestra política exterior, a la libertad y a los principios de las sociedades abiertas.

Sin duda alguna el futuro de lo que ocurra en cada país y en toda la región está en las manos de quienes viven allí. Desde fuera podemos ayudar y acompañar el proceso, y mostrar generosidad, determinación y coherencia para que la estabilidad y las perspectivas de futuro se asienten. No va a ser un proceso ni fácil ni rápido.

Es indudable que en estos tiempos revueltos quienes tienen agendas distintas a las de la apertura, la democratización y la tolerancia van a intentar ganar posiciones. Tenemos que ser conscientes de que el camino que tenemos por delante es largo y tendrá muchos baches. Las organizaciones con mejor estructura e implantación en muchos de los países son precisamente las islamistas. Los demócratas, quienes están a favor de la tolerancia, de la igualdad de hombres y mujeres, y de la democracia con Estado de derecho están más desorganizados y posiblemente divididos. Habrá que hacer un enorme esfuerzo de apoyo y tener paciencia.

Los retos que hay que afrontar empiezan por el Estado. Yo diría que es urgente que en cada uno de los países los regímenes políticos sean dignos. La dignidad es lo primero que se reclamó en las calles y plazas de las revueltas. Y para lograr esa dignidad muchos regímenes tienen que cambiar mucho, y más vale que empiecen cuanto antes. O, en otros casos, la única alternativa será el cambio de régimen. Creo que esto se ha visto en Libia, y que Siria es el siguiente de la lista.

La dignidad existe cuando hay Estado, orden, leyes efectivas para reconocer y garantizar los derechos de las personas, tolerancia, respeto al pluralismo. En esto, en definitiva, como en tantas otras cosas, no hay una supuesta excepción cultural ni religiosa al buen gobierno, a la transparencia, al reconocimiento de los derechos humanos universales y a su garantía efectiva.

Para ello se necesitan las instituciones de un Estado. La situación es dispar en cada uno de los países de la región. Habrá que mejorar las instituciones ?"allí donde las haya-; instituciones como jueces, policía, ejercito; modificarlas cuando sea necesario, y crearlas si no existen, como me temo que en gran parte es el caso de Libia.

El segundo gran reto al que nos enfrentamos es el de las oportunidades. La población, que crece a un ritmo tremendo necesita la perspectiva de un futuro mejor. La falta de perspectivas es el resultado de décadas de sistemas económicos cerrados, intervencionistas en donde las libertades económicas (como toda la libertad) y la seguridad jurídica brillaban por su ausencia.

Las opciones para los jóvenes no pueden ser entre el paro o arriesgar la vida en lanchas precarias para buscar un futuro en Europa. Y es posible crear oportunidades y riqueza. No nos engañemos. Sólo hay una forma de crear esas oportunidades, como se ha visto en todo el mundo. Esa forma de crear oportunidades se llama economía de mercado, sociedad de oportunidades, globalización, inversiones, comercio, empleo y seguridad jurídica. De eso ha faltado en la región y sigue faltando, pese a los grandes recursos del petróleo y los hidrocarburos. No hay más que repasar los índices de libertad económica que publican algunos institutos, o el Doing Bussiness del Banco Mundial, para encontrar el diagnóstico y las propuestas de terapia para que cambien unos sistemas económicos cerrados y que han fallado estrepitosamente. En este gran reto, Europa debe reflexionar sobre el mejor medio para acompañar el gran reto de crear oportunidades en las sociedades árabes.

El tercer reto es el de la democracia, la tolerancia y la reconciliación. En etapas de turbulencia e incertidumbres es fácil que quienes tienen proyectos basados en el odio intenten ganar posiciones. Son los islamistas o son los autócratas. No debemos dejar que la única opción entre para los sufridas poblaciones sea esa. Apoyemos a los demócratas. Creo que hay que hacer un gran esfuerzo de apoyo a esos demócratas. Y también debemos ser exigentes con los regímenes de transición para evitar que una autocracia sea sustituida por otra, o que se implante un régimen de venganza. Me parece que una prueba esencial será el tratamiento que se dé a las minorías y, en especial, el modo en que se regule la libertad de prensa y la libertad religiosa. Soy de los que creo que la libertad y los derechos humanos universales son patrimonio de todos los hombres, y mujeres, y que no hay excepciones a su validez. En estos momentos de transición en el mundo árabe es más necesario que nunca recordar este principio y adecuar nuestra acción para lograr su vigencia efectiva.

El cuarto reto es el reto de la estabilidad. La situación estratégica está lejos de ser un equilibrio estable. Creo que el riesgo más explosivo está en Israel. La defensa de la democracia en Israel será determinante para el futuro en libertad de las sociedades árabes. Sin duda Irán y los yihadistas de toda laya intentarán jugar la carta del enemigo exterior, el viejo espantajo de la amenaza sionista para desviar la atención sobre las reformas que son necesarias. El problema de las sociedades árabes no es Palestina, sino su propio futuro.

Creo que Estados Unidos y Europa deben compartir visiones y trabajar en conjunto con los demócratas de la zona para afrontar en conjunto estos grandes retos. Las sociedades abiertas y democráticas están basadas en principios comunes y universales que creo demandan muchas personas en esos países. Ésa ha sido una clara demanda de estas revueltas. Por desgracia, no siempre hemos sido consecuentes con esos principios en nuestras políticas. Ahora tenemos una inmensa oportunidad para unir intereses, oportunidades y principios, y desplegar el inmenso poder de la fuerza de la libertad. Será un trabajo de años, quizás de generaciones, pero nadie está condenado al fracaso, y puede traer modernización, justicia y libertad a todo el mundo árabe.

Hay que dar paso a nuevos políticos y aprovechar la experiencia de los más veteranos. Las sociedades democráticas y tolerantes tienen que basarse en la costumbre de debatir políticas, de respetar al adversario, de buscar puntos de contacto con el que no piensa lo mismo. La discrepancia no se debe pagar nunca con la cárcel o el exilio.

Permítanme unas palabras sobre el papel de Europa. Si Europa quiere de verdad ser influyente debe tener un potencial económico mayor.

Europa debería abrir sus mercados a sus productos. Cuando la situación política en estos países se estabilice, recibirán ingentes cantidades de inversiones de firmas europeas, en sectores que van desde la energía al sector pesquero y la agricultura. Creo que incluso se puede pensar en un paquete de ayudad financiera que recuerde al Plan Marshall, con una finalidad política y económica similar a la que tuvo el original.

Hay una oportunidad sin precedentes para la cooperación rentable de compañías europeas en la reconstrucción social y económica de estos países. Por desgracia, Europa atraviesa una grave crisis económica. La recuperación de Europa vendrá si nos comprometemos con una economía flexible, competitiva, estable y abierta. Nuestro desafío será acompasar esta recuperación y este cambio con la transformación del norte de África y su incorporación a la modernidad, la democracia y la globalización. Deberían ser procesos que se refuercen recíprocamente,

Europa todavía construye barreras al libre acceso de productos del Norte de África. Esto es especialmente relevante en el caso de los productos agrícolas. Si estos países carecen de una economía vibrante con un sector exportador poderoso la consecuencia inmediata es un alto paro estructural entre la población joven y la continuación de los flujos migratorios hacia Europa. La fuerza de trabajo norteafricana estará forzada a emigrar a Europa. A nosotros nos toca decidir si queremos que esto ocurra a través de exportación de sus productos o con dramáticos movimientos migratorios".