Hasta ahora hemos visto como la inadecuada inversión en capital productivo, el retraso tecnológico y los limitados cambios organizativos que han caracterizado a la economía española han marcado el retraso de su productividad y sus pérdidas de competitividad. Además, una estructura productiva basada en sectores intensivos en mano de obra, sumado a la diversidad contractual que existe en nuestro país y a la regulación del mercado laboral, excesivamente protectora para los trabajadores indefinidos, han empujado a las empresas a optar por el empleo temporal, cuyos costes de despido son, para el empresario, mucho más reducidos.
03.04.2015. Hasta ahora hemos visto como la inadecuada inversión en capital productivo, el retraso tecnológico y los limitados cambios organizativos que han caracterizado a la economía española han marcado el retraso de su productividad y sus pérdidas de competitividad. Además, una estructura productiva basada en sectores intensivos en mano de obra, sumado a la diversidad contractual que existe en nuestro país y a la regulación del mercado laboral, excesivamente protectora para los trabajadores indefinidos, han empujado a las empresas a optar por el empleo temporal, cuyos costes de despido son, para el empresario, mucho más reducidos.

