Estamos comenzando una grave crisis que tendrá un fuerte impacto en las cuentas del sector público por no haber aprovechado los años de crecimiento para completar su saneamiento. Sin incentivos fiscales como los que se han puesto en marcha en otros países, nos enfrentamos al riesgo de una destrucción masiva del tejido empresarial, sobre todo en lo que se refiere a autónomos y PYMES, y de una depresión de la demanda interna mayor de la que se produjo en la crisis anterior. Por desgracia, las medidas que el Gobierno ha aprobado estas semanas no invitan a la esperanza.
China gestionó catastróficamente la crisis del coronavirus. Su empeño en ayudar a los países europeos es un intento de blanquear sus errores previos y hacernos olvidar su gran parte de responsabilidad de convertir una epidemia local en pandemia global.El éxito de la propaganda china y el resultado de su búsqueda del liderazgo mundial depende de la respuesta de EEUU y la fortaleza de la relación transatlántica. Todavía estamos a tiempo de gestionar y coordinar una respuesta global.
Esencialmente importa salvar vidas, pero después vendrá el gravísimo impacto del coronavirus sobre la economía y, a no tardar, otras consecuencias de orden político, cultural y social que todavía somos incapaces de anticipar con precisión. El coronavirus se fortalece como un agente de transformaciones radicales en el mundo. Si nos fijamos en España, es evidente que poco quedará de esa agenda compartida por el PSOE con la izquierda radical populista de Podemos. Tendremos que pensar con mucha más prudencia a qué dedicamos el dinero público, qué causas abrazamos, en qué debates nos adentramos y en qué políticos podemos confiar.
La información sobre el COVID-19 está infectada por la desinformación. A nivel global encontramos la teoría de que se trata de una arma biológica introducida en China por militares estadounidenses como un acto de sabotaje para ganar la guerra comercial. Su objetivo sería mejorar la imagen internacional de China y socavar la de EE. UU. A nivel nacional la carta que Joaquim Torra ha dirigido a la UE cuestionando la gestión del gobierno de España y sus declaraciones a la televisión británica BBC constituyen sendas desinformaciones oportunistas para socavar la imagen de nuestro país en el exterior.
Durante el último año la inflación se ha elevado sustancialmente en España. El IPC crece al 3,5%, frente al 2,2% de hace un año; el deflactor del PIB, lo hace a cerca del 5%; la inflación subyacente sube a casi el 3%. El diferencial de inflación con la eurozona es de 1,4 puntos, frente a los 0,5 puntos de hace un año. El cáncer inflacionista produce pérdida de competitividad de la producción española y se va a traducir en menor crecimiento y menor empleo. La causa principal de la inflación excesiva no es el choque de oferta petrolífero, sino la política económica del Gobierno: la política presupuestaria, demasiado expansiva en el actual contexto monetario de la eurozona, y la ausencia de reformas estructurales, que limita el crecimiento potencial de la economía española.
04.06.2020. Estamos comenzando una grave crisis que tendrá un fuerte impacto en las cuentas del sector público por no haber aprovechado los años de crecimiento para completar su saneamiento. Sin incentivos fiscales como los que se han puesto en marcha en otros países, nos enfrentamos al riesgo de una destrucción masiva del tejido empresarial, sobre todo en lo que se refiere a autónomos y PYMES, y de una depresión de la demanda interna mayor de la que se produjo en la crisis anterior. Por desgracia, las medidas que el Gobierno ha aprobado estas semanas no invitan a la esperanza.
03.31.2020. China gestionó catastróficamente la crisis del coronavirus. Su empeño en ayudar a los países europeos es un intento de blanquear sus errores previos y hacernos olvidar su gran parte de responsabilidad de convertir una epidemia local en pandemia global.El éxito de la propaganda china y el resultado de su búsqueda del liderazgo mundial depende de la respuesta de EEUU y la fortaleza de la relación transatlántica. Todavía estamos a tiempo de gestionar y coordinar una respuesta global.
03.30.2020. Esencialmente importa salvar vidas, pero después vendrá el gravísimo impacto del coronavirus sobre la economía y, a no tardar, otras consecuencias de orden político, cultural y social que todavía somos incapaces de anticipar con precisión. El coronavirus se fortalece como un agente de transformaciones radicales en el mundo. Si nos fijamos en España, es evidente que poco quedará de esa agenda compartida por el PSOE con la izquierda radical populista de Podemos. Tendremos que pensar con mucha más prudencia a qué dedicamos el dinero público, qué causas abrazamos, en qué debates nos adentramos y en qué políticos podemos confiar.
03.26.2020. La información sobre el COVID-19 está infectada por la desinformación. A nivel global encontramos la teoría de que se trata de una arma biológica introducida en China por militares estadounidenses como un acto de sabotaje para ganar la guerra comercial. Su objetivo sería mejorar la imagen internacional de China y socavar la de EE. UU. A nivel nacional la carta que Joaquim Torra ha dirigido a la UE cuestionando la gestión del gobierno de España y sus declaraciones a la televisión británica BBC constituyen sendas desinformaciones oportunistas para socavar la imagen de nuestro país en el exterior.
05.01.2005. Durante el último año la inflación se ha elevado sustancialmente en España. El IPC crece al 3,5%, frente al 2,2% de hace un año; el deflactor del PIB, lo hace a cerca del 5%; la inflación subyacente sube a casi el 3%. El diferencial de inflación con la eurozona es de 1,4 puntos, frente a los 0,5 puntos de hace un año. El cáncer inflacionista produce pérdida de competitividad de la producción española y se va a traducir en menor crecimiento y menor empleo. La causa principal de la inflación excesiva no es el choque de oferta petrolífero, sino la política económica del Gobierno: la política presupuestaria, demasiado expansiva en el actual contexto monetario de la eurozona, y la ausencia de reformas estructurales, que limita el crecimiento potencial de la economía española.




