
Rusia, China e Irán se alegran de la derrota estadounidense, pero no deja de preocuparles la estabilidad de sus propios países y de la región, que sin duda se verá afectada por el poder que los talibanes han conseguido en Afganistán. En el gran Oriente Medio posiblemente se notará más presencia e influencia de estos tres países, a los que une su hostilidad hacia EE.UU. Sin embargo, no hay que olvidar que EE. UU. sigue siendo la potencia con más bases militares y capacidad militar en el mundo, y que suma más aliados que Rusia, China e Irán juntos.

Afganistán ha sacado a la luz la excesiva dependencia europea de EE. UU., así como la necesidad de desarrollar una autonomía estratégica. La UE debe definir cuáles son las principales amenazas para la seguridad y defensa de los europeos, cuáles son sus objetivos para garantizarla y, sobre todo, debe lograr una visión común para alcanzar esos objetivos. Esta tarea implica además una redefinición de la relación entre la UE y EE. UU.

02/09/2021. Vicente de la Quintana. El eslogan más recurrente de los prodigados por la propaganda gubernamental es ese que blasona de “no dejar a nadie atrás”. Pero el problema de las raciones masivas de propaganda es que acaban indigestando. Lo cierto es que muchos españoles han sido relegados con total indiferencia, desde que la “coalición progresista” empezó a gobernar. Incluso para Frankenstein, son demasiados cadáveres en el armario solo para salvar la ambición y el proyecto de poder de una sola.

Resulta llamativo que una buena parte de la opinión publicada –y parece que todo el Gobierno– asuma sin más que le corresponde a Marruecos decidir cuándo abre y cuándo cierra una crisis en su relación con España. Que para Marruecos toca promover la entrada masiva de sus nacionales, menores incluidos, para desestabilizar Ceuta, la crisis se abre. Que ya no conviene a los intereses marroquíes y a su relación con la Unión Europea la utilización de menores para irrumpir en una frontera comunitaria, el monarca marroquí da por cerrada la crisis. Pero las cosas no son así.

Todos los sinónimos de “catástrofe” o “desastre” se han agotado para calificar la retirada de Afganistán de las fuerzas de los Estados Unidos, acordada por Donald Trump al final de su presidencia y ejecutada de manera tan humillante e ineficaz por Joe Biden. Biden, por ser el último, ha sido el que ha apagado la luz, pero la salida de Afganistán estaba incoada con Obama, que marca la inflexión hacia el repliegue de los Estados Unidos de sus responsabilidades globales, y se plasma con Trump que, en mayo de 2020, pacta con los talibanes en Doha el final de la intervención aliada como expresión estratégica del “America first”.

De la Presidencia eslovena se espera que gestione bien los tiempos y fondos de recuperación post-Covid, que dé continuidad a los debates sobre el futuro de Europa y la autonomía estratégica, y que, aunque no solucione todos los problemas de los Balcanes occidentales, saque a la UE del embarrancamiento en la región.

La ESN 2021 no es una estrategia para la seguridad del país, sino una táctica destinada a mantener en el poder el régimen y el Gobierno de Vladimir Putin, movilizando la nación y la identidad rusa en contra de los valores occidentales.

Por mucho que se insista en el relato de un Sánchez maestro en sucesivas reencarnaciones, su crisis de Gobierno, además de dejar heridas en los salientes, ha sido el reconocimiento de que su apuesta ha fracasado y de que, por mucho que quiera levantar el vuelo, en las alas lleva demasiado plomo.

