28/02/2017
Fabián Pozo Neira es abogado, Cuenca- Ecuador
Las elecciones presidenciales del Ecuador celebradas el pasado 17 de febrero de 2017 abren una nueva etapa para la democracia ecuatoriana y quizá marcarán un punto de quiebre para la región, tras el fin de diez años de gobierno del socialista Rafael Correa.
Con 99,84% de las papeletas escrutadas, el oficialismo encabezado por Lenín Moreno obtuvo un 39,35% de los votos, mientras el opositor Guillermo Lasso obtuvo un 28,10%. Al no alcanzar la mayoría legalmente requerida (la mitad más uno o una votación del 40% más 10% de diferencia sobre el segundo), se realizará un balotaje definitivo el próximo 2 de abril entre Moreno y Lasso.
El triunfo del candidato oficialista tiene sabor a derrota, al no haber alcanzado una victoria en primera vuelta como anteriormente lo logró Rafael Correa en 2008 y 2013, destruyendo el aura triunfalista de diez elecciones prácticamente sin perder.
Por otro lado, se prevé que las demás fuerzas opositoras –antes divididas– se consoliden alrededor de Guillermo Lasso, pudiendo sumarle hasta un 29,3% adicional que se repartió en la primera ronda entre la socialcristiana Cynthia Viteri (16,31%), el socialdemócrata Paco Moncayo (6,71%), el populista conservador Dalo Bucaram (4,82%) y otros tres candidatos que suman el 4,7% restante.
Ante este escenario, el techo de crecimiento de Moreno es bajo, debiendo enfocarse en los indecisos y los votantes socialdemócratas de Moncayo. Por su parte, Lasso no tendría mayor dificultad en captar buena parte de los votantes socialcristianos y del Bucaramismo, habiendo ambos anunciado ya su apoyo a Lasso para el balotaje. Así, a diferencia de la primera vuelta, incluso un crecimiento de los votos nulos y blancos podría favorecer a Lasso, pues es Moreno quien dependerá más de los indecisos de la primera vuelta para crecer.
En cuanto al poder legislativo, el correísmo mantendrá la mayoría parlamentaria con cerca de 74 legisladores de 137, pero habrá perdido la mayoría cualificada de dos tercios con la que contó desde 2013. Para Lasso, en caso de resultar electo, sin duda le será difícil maniobrar con un Parlamento en contra, pero contará con los amplios poderes que el Gobierno de Correa otorgó al Ejecutivo a partir de la expedición de una nueva Constitución en 2008, de tendencia hiperpresidencialista.
La elección de abril se realizará entre dos posturas radicalmente opuestas en prácticamente todos los aspectos. El modelo de país que propone Lasso se basa en la apertura al comercio y la inversión, ha propuesto derogar más de catorce impuestos, una reducción significativa de los gastos suntuarios del Estado, así como defender la dolarización y la independencia de la prensa. Por su parte, Moreno propone profundizar la tendencia socialista aumentando el gasto público aún más, mayor regulación económica y de salida de capitales, una posible futura “moneda regional” y una mayor regulación a los medios de comunicación.
En el ámbito internacional, las elecciones ecuatorianas podrían tener importante incidencia regional, dada la intención de Lasso de incorporar a Ecuador a la Alianza del Pacífico, formada por Perú, Chile, Colombia, México, con tendencia al libre comercio, a la vez que abandonaría iniciativas de integración como el ALBA, políticamente favorables al chavismo, dejando al régimen venezolano de Nicolás Maduro con pocos aliados en la región.
