ANÁLISISVictoria liberal en las elecciones de Canadá, por Ignacio Alberni

26/10/2015

"En las 42 elecciones a la Cámara de los comunes del Parlamento canadiense (el Senado no es electivo), celebradas el lunes 19 de octubre, el Partido Liberal ha obtenido la mayoría absoluta de los escaños (184 de 338) con un 39,5% de los votos. En la anterior legislatura los liberales –de centroizquierda– eran la tercera fuerza (con 34 escaños y 20% de votos), habiendo obtenido entonces el peor resultado jamás cosechado por el partido que más tiempo ha gobernado Canadá desde la creación de la Federación en 1867. Su nuevo líder, el quebequés Justin Trudeau (43 años, hijo del exprimer ministro liberal entre 1968-79 y 1980-84 Pierre Elliott Trudeau, padre del Canadá actual y bestia negra del nacionalismo quebequés) se convertirá en primer ministro en sustitución del derrotado líder conservador Stephen Harper, que ha estado al frente del Gobierno durante tres legislaturas, desde 2006 (la última, desde 2011 con mayoría absoluta). En esta ocasión el Partido Conservador ha obtenido 99 escaños (con el 32% de los votos). El izquierdista Partido Neodemócrata, hasta ahora la oposición oficial, ha quedado relegado a la tercera posición (44 escaños, 19,7% de los votos). El nacionalista Bloque Quebequés obtiene 10 escaños en la provincia francófona (gana 6 escaños pero desciende del 23,4% de los votos en 2011 al 19,3% de ahora), y los verdes mantienen el escaño que ya tenían en British Columbia (con un 3,4% de votos a escala nacional). En esta elección ha votado el 68,5%, la tasa de participación más alta desde 1993.

Si se observan las encuestas publicadas desde la convocatoria de las elecciones, los resultados han sido inesperados y la campaña decisiva. Hace dos meses los neodemócratas lideraban los sondeos y los liberales no despegaban de su tercera posición. Las elecciones parecían una contienda entre la izquierda neodemócrata y los conservadores en el Gobierno, pero Trudeau supo plantear una campaña ilusionante y fue capaz de superar las acusaciones de bisoñez política. Además, los neodemócratas y los conservadores se enzarzaron en una polémica sobre el uso de niqab por las mujeres musulmanas que alejó a ambos de las capas centrales de la sociedad. En la última semana, las previsiones apuntaban a una mayoría liberal insuficiente. Los conservadores hicieron bandera de la gestión económica del Gobierno Harper así como de los logros internacionales de la última legislatura, particularmente la firma del Tratado transpacífico de cooperación económica o la presencia militar canadiense en Afganistán y otros países en conflicto, y alertaron de la inestabilidad que supondría un gobierno de coalición de las izquierdas. Los neodemócratas de Mulcair se presentaron con un programa económico moderado, sin déficit, lo que desconcertó a su electorado, mientras Trudeau defendió una política económica socialdemócrata, con déficits en los primeros años de la Legislatura y se mostró reticente respecto a la presencia en misiones de paz internacionales. Pero sobre todo, la oposición consiguió que las elecciones se convirtieran en un plebiscito sobre el primer ministro Harper y sus políticas divisivas de la sociedad canadiense. Algún caso de corrupción en las filas conservadoras del Senado hizo el resto. En este contexto, Trudeau consiguió aparecer como un líder moderado y regenerador, y, en un país con sistema electoral mayoritario, como el voto útil anticonservador.

Los liberales ganan en ocho de las diez provincias, además de los tres territorios del Norte. Especialmente significativa es la victoria en Quebec (con 40 de 78 diputados), lo que no ocurría desde 1988, y donde los nacionalistas obtienen el peor resultado en votos jamás alcanzado. A los veinte años del referéndum de 1995 que estuvieron a punto de ganar los secesionistas, la cuestión de Quebec no ha tenido protagonismo en la campaña. Si Harper ha podido gobernar sin apenas representación conservadora en Quebec (5 diputados en 2011), Trudeau cuenta ahora con un buen puñado de parlamentarios liberales de esa provincia, lo que dará de nuevo a Quebec influencia en el Gobierno federal.

El Partido Conservador tiene ante sí unas elecciones internas para elegir al sustituto de Harper. Tras casi un decenio en el poder, el balance de su gestión incluye una buena gestión económica, la pacificación de las relaciones Federación-provincias o el haber situado las demandas del Oeste canadiense en el corazón del Gobierno de Ottawa. Pero al mismo tiempo, su forma de gobernar distante y su liderazgo personalista no han sabido conectar con amplios sectores de la sociedad canadiense que, en cuanto ha aparecido un líder creíble y centrado, le han dado la espalda".