NO SE SOSTIENE

09/06/2020

El argumento de que nadie podía saber la gravedad de la pandemia se repite como el último recurso exculpatorio del Gobierno frente a la exigencia de cualquier responsabilidad, incluso a la exigencia de ofrecer una explicación mínimamente razonable a tanta inconsistencia y falta de capacidad en la gestión de la crisis sanitaria. Pero el argumento, nuevamente, no se sostiene frente a la realidad. Si realmente nadie podía prever lo que se nos venía encima, el Gobierno habría optado por dejar en suspenso sus afirmaciones y aplicar un principio de prudencia en sus valoraciones y en las medidas que tendrían que haberse adoptado.

El Gobierno no podía saber, pero sus expertos afirmaron que en España no habría contagio local. Nadie podía prever lo que ocurriría, pero el Gobierno parece que sí podía preverlo y por eso afirmó que solo habría unos pocos casos. Lo ocurrido después era imprevisible, pero el Gobierno dio seguridades absolutamente convencido de que nuestro sistema sanitario se encontraba perfectamente preparado, aunque pocos días más tarde se pusiera de manifiesto el fracaso del mando único en una de sus responsabilidades esenciales, a saber, la compra centralizada de elementos de protección. La pandemia era imprevisible, pero, al parecer, no para el Gobierno, que utilizó todos los medios a su alcance para convocar a las manifestaciones del 8 de marzo sin advertir riesgo alguno.

Para ser todo tan imprevisible, el Gobierno no dejaba de hacer afirmaciones concluyentes hasta que, en 24 horas, España pasó de ser en el discurso oficial un país libre de COVID, sin contagios locales y mínima incidencia, a ser sometido al confinamiento más radical y duradero de los que se han producido. Si alguien no puede alegar que todo era imprevisible, ese es el Gobierno que se presentó ante los españoles como si lo supiera todo, negándose a reconocer las señales que ya eran verdaderas evidencias sobre las que alertaban las portadas de los periódicos. El problema del Gobierno, y del cual debe responder, no es que no pudiera saber lo que iba a pasar, sino que pretendía saberlo todo, y en todo se equivocó.

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