Recordamos la Peste Negra porque generó casi treinta millones de bajas. La propagación de la epidemia en el continente coincidió con un prolongado período de guerra generalizada entre los más poderosos reinos de la región. Las consecuencias demográficas de la combinación de guerra y epidemia favorecieron una profunda crisis del feudalismo y el fortalecimiento de las ciudades y de las libertades urbanas. También desataron una oleada de antijudaísmo más extensa y violenta que las que se habían producido anteriormente. En el terreno artístico y literario la Peste Negra introdujo en el arte occidental la figura del cadáver y el motivo del encuentro de los caballeros (y las damas) con la muerte.
China gestionó catastróficamente la crisis del coronavirus. Su empeño en ayudar a los países europeos es un intento de blanquear sus errores previos y hacernos olvidar su gran parte de responsabilidad de convertir una epidemia local en pandemia global.El éxito de la propaganda china y el resultado de su búsqueda del liderazgo mundial depende de la respuesta de EEUU y la fortaleza de la relación transatlántica. Todavía estamos a tiempo de gestionar y coordinar una respuesta global.
Esencialmente importa salvar vidas, pero después vendrá el gravísimo impacto del coronavirus sobre la economía y, a no tardar, otras consecuencias de orden político, cultural y social que todavía somos incapaces de anticipar con precisión. El coronavirus se fortalece como un agente de transformaciones radicales en el mundo. Si nos fijamos en España, es evidente que poco quedará de esa agenda compartida por el PSOE con la izquierda radical populista de Podemos. Tendremos que pensar con mucha más prudencia a qué dedicamos el dinero público, qué causas abrazamos, en qué debates nos adentramos y en qué políticos podemos confiar.
La pandemia del Coronavirus nos enfrenta a una crisis distinta, grave y sin precedentes que requiere una respuesta contundente, sobre todo en Europa. Nos enfrentamos a una situación absolutamente inédita: la práctica interrupción de la actividad económica por la necesidad de frenar el contagio. Esta respuesta nos llevará por terrenos poco transitados en los que los enemigos de las sociedades abiertas verán una nueva oportunidad para cuestionar con fuerza el modelo liberal y el orden constitucional.
En una Europa ensimismada en sus retos internos, el impacto de la pandemia del coronavirus ha provocado cambios profundos de manera demasiado rápida. Hemos visto el paso adelante dado por las instituciones y los Estados miembros para aprobar un Plan de inversiones y Recuperación y el posicionamiento claro en dos bloques que, a pesar de las diferencias, acordaron la intervención de la UE para propiciar la reforma europea las siguientes décadas, basado en el “Pacto Verde”, la digitalización y la fiscalidad de Internet.
En las horas más oscuras de un país, sus órganos rectores han de estar más activos que nunca, y está fuera de toda duda que la pandemia mundial del Covid-19 constituye un presupuesto evidente para acudir al Derecho de excepción. El Derecho no es la solución a la crisis. Pero el Derecho, en cuanto ordenador de las actuaciones, instrumento de previsión y encauzamiento de la crisis, tiene un importante papel que jugar en estos días terribles.
31.03.2020. Recordamos la Peste Negra porque generó casi treinta millones de bajas. La propagación de la epidemia en el continente coincidió con un prolongado período de guerra generalizada entre los más poderosos reinos de la región. Las consecuencias demográficas de la combinación de guerra y epidemia favorecieron una profunda crisis del feudalismo y el fortalecimiento de las ciudades y de las libertades urbanas. También desataron una oleada de antijudaísmo más extensa y violenta que las que se habían producido anteriormente. En el terreno artístico y literario la Peste Negra introdujo en el arte occidental la figura del cadáver y el motivo del encuentro de los caballeros (y las damas) con la muerte.
31.03.2020. China gestionó catastróficamente la crisis del coronavirus. Su empeño en ayudar a los países europeos es un intento de blanquear sus errores previos y hacernos olvidar su gran parte de responsabilidad de convertir una epidemia local en pandemia global.El éxito de la propaganda china y el resultado de su búsqueda del liderazgo mundial depende de la respuesta de EEUU y la fortaleza de la relación transatlántica. Todavía estamos a tiempo de gestionar y coordinar una respuesta global.
30.03.2020. Esencialmente importa salvar vidas, pero después vendrá el gravísimo impacto del coronavirus sobre la economía y, a no tardar, otras consecuencias de orden político, cultural y social que todavía somos incapaces de anticipar con precisión. El coronavirus se fortalece como un agente de transformaciones radicales en el mundo. Si nos fijamos en España, es evidente que poco quedará de esa agenda compartida por el PSOE con la izquierda radical populista de Podemos. Tendremos que pensar con mucha más prudencia a qué dedicamos el dinero público, qué causas abrazamos, en qué debates nos adentramos y en qué políticos podemos confiar.
27.03.2020. La pandemia del Coronavirus nos enfrenta a una crisis distinta, grave y sin precedentes que requiere una respuesta contundente, sobre todo en Europa. Nos enfrentamos a una situación absolutamente inédita: la práctica interrupción de la actividad económica por la necesidad de frenar el contagio. Esta respuesta nos llevará por terrenos poco transitados en los que los enemigos de las sociedades abiertas verán una nueva oportunidad para cuestionar con fuerza el modelo liberal y el orden constitucional.
30.10.2020. En una Europa ensimismada en sus retos internos, el impacto de la pandemia del coronavirus ha provocado cambios profundos de manera demasiado rápida. Hemos visto el paso adelante dado por las instituciones y los Estados miembros para aprobar un Plan de inversiones y Recuperación y el posicionamiento claro en dos bloques que, a pesar de las diferencias, acordaron la intervención de la UE para propiciar la reforma europea las siguientes décadas, basado en el “Pacto Verde”, la digitalización y la fiscalidad de Internet.
23.03.2020. En las horas más oscuras de un país, sus órganos rectores han de estar más activos que nunca, y está fuera de toda duda que la pandemia mundial del Covid-19 constituye un presupuesto evidente para acudir al Derecho de excepción. El Derecho no es la solución a la crisis. Pero el Derecho, en cuanto ordenador de las actuaciones, instrumento de previsión y encauzamiento de la crisis, tiene un importante papel que jugar en estos días terribles.


